martes, 13 de abril de 2010

LA LEYENDA DEL CUCHARON


Hacía mucho tiempo que no llovía en la región. El clima era tan caliente y seco que las flores se marchitaban, la hierba estaba requemada y oscura, y aun los árboles grandes y fuertes estaban muriendo. El agua se secaba en los arroyos y ríos, los manantiales estaban secos, las fuentes dejaron de burbujear. Las vacas, los perros, los caballos, los pájaros y todas las personas estaban sedientos. Todos se sentían incómodos y enfermos.
Había una niña cuya madre enfermó gravemente.
-Oh -dijo la niña-, si tan sólo encontrara agua para mi madre, sin duda ella se repondría. Debo encontrar agua.
Tomó su taza de lata y partió en busca de agua. Al cabo del tiempo encontró una pequeña fuente en una bajada. Estaba casi seca. El agua goteaba muy despacio desde abajo de la roca. La niña sostuvo la taza y recogió unas gotas. Aguardó un largo, largo tiempo, hasta que la taza se llenó de agua. Luego bajó la cuesta de la montaña sosteniendo la taza con mucho cuidado, pues no quería derramar una sola gota.
En el camino se cruzó con un pobre perro que apenas podía caminar. Respiraba entrecortadamente y la lengua reseca le colgaba de la boca.
-Pobre perrito -dijo la niña-, estás tan sediento. No puedo seguir de largo sin darte unas gotas de agua. Si te doy sólo un poco, aún habrá suficiente para mi madre.
Así que la niña vertió un poco de agua en la mano y le ofreció al perro. Él lamió rápidamente y se sintió mucho mejor, de modo que se puso a menear la cola y ladrar, como si le diera las gracias. Y la niña no lo notó, pero su cucharón de lata se había convertido en un cucharón de plata y estaba tan lleno de agua como antes.
Se acordó de su madre y echó a andar a toda prisa. Cuando llegó a casa casi anochecía. La niña abrió la puerta y subió rápidamente a la habitación de su madre. Cuando entró en la habitación, la vieja criada que ayudaba a la niña y su madre, y que había trabajado todo el día para cuidar de esa mujer enferma, se acercó a la puerta. Estaba tan agotada y sedienta que apenas podía hablar.
-Dale un sorbo de agua -dijo la madre-. Ha trabajado con empeño todo el día y la necesita mucho más que yo.
Así que la niña le acercó la taza a los labios y la vieja criada bebió un sorbo de agua. De inmediato se sintió mucho mejor y se acercó a la madre y la alzó. La niña no notó que la taza se había convertido en una taza de oro y estaba tan llena de agua como antes.
Luego acercó la taza a los labios de la madre, que bebió y bebió. ¡Oh, se sentía mucho mejor! Cuando hubo terminado, aún quedaba un poco de agua en la taza. La niña se la iba a llevar a los labios cuando oyó un golpe en la puerta. La criada la abrió y se encontró con un desconocido. Estaba pálido y sucio de polvo.
-Tengo sed -dijo-. ¿Puedo beber un poco de agua?
La niña dijo:
-Claro que sí, sin duda la necesitas mucho más que yo. Bébela toda.
El desconocido sonrió y tomó el cucharón, que de inmediato se convirtió en un cucharón de diamante. Lo dio vuelta y toda el agua se cayó al suelo. Y donde caía el agua burbujeó una fuente. El agua fresca fluía sin cesar, agua de sobra para la gente y los animales de toda la región.
Mientras miraban el agua se olvidaron del extranjero, pero cuando miraron se había ido. Creyeron verle desaparecer en el cielo... y allá en el cielo, alto y claro, brillaba el cucharón de diamante. Todavía brilla en lo alto, y recuerda a la gente la niñita que era amable y abnegada. Se llama el Gran Cucharón.
Actividades.
a) ¿A quién dio agua la niña?
b) ¿En qué se fue convirtiendo la taza?
c) ¿Cómo era la niña?
d) ¿Qué nos enseña este texto?
e) ¿Cómo podemos vivir la solidaridad con los amigos y compañeros?

VAMOS A SEMBRAR Y COSECHAR VALORES


La vida afectiva es precisamente la que hemos asumido con gran preocupación los docentes de la UEE ”Andrés Eloy Blanco”.
La vida afectiva es la que condiciona el comportamiento y la actividad del estudiante, la que permitirá abordar la educación en valores, para afrontar la vida y los problemas individuales y sociales con empatía.
El compromiso asumido se nutrirá con la reflexión de nuestros propios valores, principios y virtudes. Por esta vía se facilitará el aprendizaje, que también es permanente y nuestro trabajo comenzará a dar fruto en un tiempo determinado.
Hemos decidido asumir el reto, los antivalores Vs valores o lo que es lo mismo, nuestro esfuerzo por formar grandes obras con la arcilla que pasa por nuestras manos y llevarla a cada uno de los hogares de nuestra comunidad de Alberto Ravell o formamos grandes monstruos con la misma arcilla alimentada con la cultura que nos rodea, donde todo se soluciona con la violencia y el descredito de aquellos que hacen un gran esfuerzo para que nuestros niños sean un buen ciudadano.
Seguramente, habrá que cambiar muchas de nuestras actitudes para poder llegar a los objetivos que tiene todo padre y madre, que son hacer de sus hijos personas libres, seguras, tranquilas y con seguridad en sí mismas. Muchos son los padres y madres que dicen “pero si yo ya hablo con mis hijos”. Sin embargo, al pensarlo detenidamente se dan cuenta que su actitud no es la de una persona que valora el llegar a acuerdos, como forma de solucionar conflictos, para que no gane ni pierda nadie, sino la de intransigentes que consideran tener siempre la razón y tratan de imponérsela a los demás.
Los niños tienen la base de su vida en su familia para crecer equilibrados, satisfechos y seguros de sí mismos, siempre que las relaciones que se vivan en esa familia sean sanas y sin ansiedad.
En este blog queremos proponerte alternativas para convertir momentos cotidianos en oportunidades para tratar temas relacionados con diferentes valores familiares como la igualdad, interculturalidad, trabajo, generosidad, la alegría, sinceridad, respeto, protección de la naturaleza, vida social, obediencia, orden, fomentar valores como la solidaridad y potenciar el desarrollo de capacidades cooperativas.
Por último, quiero darles las gracias a mis compañeras de trabajo Dalia, Marisol, María, Judith y Alejandra, quienes además de ser todas unas fuentes de sabiduría y de apoyo, poseen la asombrosa facultad de ver en uno más de lo que uno mismo puede alcanzar a ver.